La inspiración llega en los momentos que menos te imaginas, mientras me ducho, mientras intento dormir o cuando paseo tranquilamente con mi amor perruno. Intento acordarme de todo hasta que lo puedo plasmar en papel.

Una vez sacados los diseños que tengo en mi cabeza, lo desarrollo todo en el blog de dibujo. Ahí es donde se encuentran todos los garabatos, algunos salen adelante y otros no.

Una vez elegidos los diseños finalistas, se pasan al ordenador para darles mejor forma y altura. Parece que este paso ya es el último, pero todavía queda mucho trabajo hasta llegar a la pieza final. Rara vez se realiza a la primera. Lo normal es que haya varias pruebas con sus pequeñas variaciones.

En este paso es muy importante el papel de Margarita. ¿No sabes quién es Margarita? Te la presento.

Ella es Margarita, la impresora 3d que hace posible que todas las piezas que dibujo en el blog, se hagan realidad. Te explico su funcionamiento, por si acaso, no conoces mucho el mundo del 3d.

Margarita, es decir, la impresora 3d, se alimenta de bobinas de muchísimos colores diferentes. Estas bobinas están llenas de un material llamado PLA, es un material eco-amigable, ya que no es tóxico, es biodegradable. El PLA, también llamado ácido poliláctico, se deriva de materias primas naturales y renovables, como el maíz y pertenece a los poliésteres como un polímero sintético.

Lo que Margarita hace es, calentar el hilo de la bobina a unos 200 grados para hacerlo todavía más fino y darle la forma deseada; memoriza esa forma y va creando finas capas hasta conseguir terminar la pieza. Esto puede durar entre 20 – 30 minutos, según el tamaño de la pieza.

Una vez Margarita finaliza, se deja enfriar y la pieza está lista para el montaje.

Ésta es la parte más divertida ya que es donde se ve realmente si el diseño es tal como lo imaginaba o, si por el contrario, necesita algunos retoques.

Para ensamblar las piezas y hacerlas para que posteriormente se puedan utilizar, el material que se emplea es acero inoxidable, es un material antialérgico, no se oscurece ni se deteriora. Así que, podrás lucir tus piezas durante muchos años.

Una vez la pieza montada y acabada, se pone en su cartón y va directo a la caja para ir volando hacia su destino.

Todo este largo proceso, desde el diseño, la impresión de las piezas hasta el montaje, sucede en el mismo lugar. Un humilde taller situado es un pueblo pequeño de la Comunidad Valenciana llamado Castelló de Rugat.